Evolución y tendencias de la escultura helenística. La creatividad desbocada
Autor/es
Carrasco Ferrer, MartaFecha
2017Tipo de documento
bookPartÁrea/s de conocimiento
Historia y Expresión ArtísticaMateria/s Unesco
5506.02 Historia del ArteResumen
Los historiadores consideran que el reinado
de Alejandro Magno (336-323 a.C.) significa
el final del período clásico, con sus constantes
conflictos entre ciudades, y el principio de un
mundo nuevo, el período helenístico, marcado por
la existencia de diversos reinos. Nada que objetar
a esta visión, por esquemática que parezca. ¿Cómo
pasar por alto la gesta del monarca macedón, su
conquista del Imperio persa y sus aventuras hasta las
riberas del Indo? ¿Cómo ignorar las consecuencias
de su inconmensurable campaña para la cultura
griega? Todos sabemos que, siguiendo su rastro,
muchos helenos se establecieron en nuevas colonias
y, casi desde el principio, impusieron a medio
mundo su lengua y sus costumbres al amparo de los
generales y herederos de su rey, convertidos a su vez
en monarcas poderosos.
Sin embargo, los problemas que encuentra el
historiador del arte son mucho más complejos. En
realidad, la Atenas que recibe noticias de Alejandro
mientras que este recorre Asia es la gobernada por
Licurgo (338-324 a.C.), y en ella conviven los
grandes maestros del clasicismo tardío —Praxíteles,
Eufránor, Escopas y Leocares—, más atentos a sus
propias trayectorias artísticas que a las posibles
consecuencias de unas campañas remotas. Por
su parte, el rey macedonio, que ha heredado la
estatuaria oficial creada por el propio Leocares para
Filipo II, da sin duda un gran paso solicitando los
servicios de un artista independiente, Lisipo, pero
se olvida de él antes de que elabore sus fórmulas
más audaces. En una palabra, nos hallamos en unos
años confusos, y solo se adivina que, a corto plazo,
va a cobrar gran importancia el arte monárquico y
que van a enfrentarse dos planteamientos estéticos:
el clasicismo tradicional y la tendencia lisípica,
que pugna por escapar de él.




