| dc.description.abstract | El odio que se profesaron, allá en la Jonia arcaica, el escultor Búpalo y el poeta Hiponacte llegó a ser casi un tópico literario. El motivo inicial fueron los celos: ambos amaban a la misma mujer, Arete, que prefería al artista. Pero el desencadenante final del conflicto que los enfrentó fue la caricatura que Búpalo y su hermano Atenis realizaron del poeta: en efecto, “famosa por su fealdad era la cara de Hiponacte, y estos artistas expusieron su retrato ante un grupo de burlones como simple broma. Hiponacte se indignó, y escribió (contra ellos) unos versos tan satíricos, que, según creyeron algunos, les indujo a ahorcarse” (Plinio, 36, 12).
Esta es la primera noticia que nos ha llegado sobre un género artístico concreto: la caricatura personal. Y parece sugerirnos su posible origen: la traducción a trazos y colores de un género literario mucho más antiguo: la sátira en verso. Por lo demás, cabe añadir que la historia de Hiponacte tiene –ya lo advirtió Horacio (Epod., 6)- un precedente en la de Arquíloco, creador de la poesía lírica a principios del siglo VII a.C. Años llevaba éste, al parecer, esperando para casarse con una doncella llamada Neóbula, cuando el padre de ésta, ignoramos por qué, deshizo el compromiso. El poeta, sumamente irritado, escribió poemas tan insultantes contra su novia y contra todos sus parientes, que la familia entera, desesperada al sentirse el hazmerreír de la ciudad, optó por ahorcarse.
Pese a su aparente sencillez, el enfrentamiento de Hiponacte con Búpalo y Atenis presenta ciertos problemas. Para empezar, sabemos que los artistas no se suicidaron: el propio Plinio señala que siguieron trabajando en Delos y otras islas, colmándose a sí mismos de elogios en los epígrafes de sus estatuas (36, 11). Superaron, por tanto, el trauma que pudiese haberles causado la furibunda sátira del poeta, quien llegó a tachar a Búpalo de “incestuoso con su madre” (fr. 15 D).
Sin embargo, más nos interesa preguntarnos por la caricatura que ambos realizaron. Apenas nos han llegado unos versos sueltos de Hiponacte, y uno de ellos alude a una “estatua en mármol” (fr. 10 B). Sin embargo, nada nos indica que ésta fuera el famoso retrato, e incluso resulta inimaginable que unos artistas desperdiciaran el tiempo que exigía una escultura sólo para burlarse de un enemigo. Por tanto, hemos de pensar, sea en un cuadro o dibujo –opinión que apoyaría una nota del Pseudo-Acrón al citado texto de Horacio-, sea una simple cabeza en barro o terracota: sería lo más lógico en un taller de escultura. | es |