Reinas y princesas coleccionistas de la Corte Española en la Edad Moderna
Author/s
Carrasco Ferrer, MartaDate
2017Document type
conferenceObjectÁrea/s de conocimiento
Historia y Expresión ArtísticaAbstract
No hay documentación más estudiada, en estas últimas décadas, que los inventarios reales. Durante siglos se elaboraron estas prolijas listas de bienes muebles por los más diversos motivos: de cara a una boda, debían quedar claras las joyas, vestidos bordados y vajilla que la novia aportaba en su ajuar; en los testamentos, debían especificarse las piezas que se distribuían entre los herederos; en momentos inseguros, interesaba saber los objetos que había en cada sala de un palacio, o las obras de valor que pertenecían sea al rey, sea a la reina, por si uno de los dos llegara a faltar; y, finalmente, cuando un monarca o un príncipe moría, era necesario saber con exactitud el montante de sus bienes.
Obviamente, estos inventarios se planteaban como conjuntos, a veces divididos por materias: textiles, obras de oro y plata, objetos curiosos, cuadros, etc., y reflejaban los intereses de cada momento y el valor de mercado que se atribuía a cada obra. A través de tal documentación, advertimos, por ejemplo, el enorme interés que suscitaban, a lo largo de la Edad Moderna, los tapices -verdadera piedra de toque de las propiedades principescas-, las vasijas de metales ricos y piedras talladas, o -¿cómo no?- los collares y otros adornos de la vestimenta. En cuanto a las esculturas y los cuadros, formaban conjuntos menores -aunque cada vez más importantes-, y se veían como un apartado más, sin plantear más problemas que el de autoría, si ésta era conocida por quien redactaba el inventario.
Obviamente, nuestros criterios de valoración son muy distintos, y, aunque aceptemos los de nuestros antepasados como propios de su época, debemos proceder a una criba a la hora de valorar todos estos bienes. La historia del arte actual exige pasar a un primer plano las llamadas, con más o menos razón, “artes mayores”, y, tanto en éstas como en las “menores”, plantear problemas de cronología y de origen geográfico. En una colección, no es lo mismo un objeto contemporáneo que uno antiguo, ni uno realizado en nuestro ambiente que otro traído de un lugar remoto.
Este punto de vista permite distinguir el “mecenazgo”, es decir, la compra o encargo de obras a artistas vivos, del “coleccionismo”, o adquisición de obras de otras épocas o exóticas. Y es precisamente este “coleccionismo” el que va a atraer nuestra atención, porque, como vamos a ver, tuvo como protagonistas preferentes en España, desde fines del siglo XV hasta mediados del XVIII, a diversas princesas y reinas.




