Hallazgos e inscripciones de sacrosanta Antigüedad
Fecha
1997Tipo de documento
bookPartÁrea/s de conocimiento
Historia y Expresión ArtísticaResumen
Es hoy común entre los arqueólogos considerar que su ciencia nació en el siglo XVIII, al descubrirse Pompeya y Herculano, y que toda la trayectoria previa, todo el periodo, en una palabra, que cubre la presente exposición, no sería sino una fase preparatoria, una “prehistoria” de tal acontecimiento. Este enfoque tiene una razón de ser fundamental: la actual ciencia arqueológica se basa de forma ineludible en el trabajo de excavación. De él derivan todos los demás, puesto que los datos que se obtienen en la labor de campo -estratigrafía, planos, alzados y cortes de edificios, restos de vida humana y animal, etc.- constituyen el punto de partida para los catálogos de piezas, reconstrucciones arquitectónicas y conclusiones generales o específicas.
Obviamente, el arqueólogo o “anticuario” renacentista o barroco, y sobre todo el que trabajaba en Roma, se planteaba su actividad de forma diferente. Para él, la cultura romana, admirada aunque ya no modélica, debía estudiarse a la luz de los textos, y los restos materiales tenían sólo un valor complementario. Frente al artista figurativo y al arquitecto, que tomaban las obras antiguas como fuente de inspiración, el erudito veía en las ruinas, en las estatuas, y sobre todo en los epígrafes y en las monedas, medios para ilustrar los textos clásicos y completar aquellos datos históricos que los autores antiguos olvidaban o silenciaban. Nada más interesante que un relieve histórico con inscripción para completar una noticia de Tácito, o una moneda con la imagen de un dios para ilustrar las Metamorfosis de Ovidio.




