Renovatio Urbis
Fecha
1997Tipo de documento
bookPartÁrea/s de conocimiento
Historia y Expresión ArtísticaMateria/s Unesco
5506.02 Historia del ArteResumen
Relata Ferdinand Gregorovius que poco antes del año 1000 se reunieron en Reims los obispos de la Galia y que, en sus discusiones, deploraron la incultura de los clérigos romanos, y del Papa entre ellos. El legado apostólico León, abad de San Bonifacio, se limitó a responderles las siguientes palabras: “Los representantes de Pedro y sus discípulos no quieren tener por maestros a Platón ni a Virgilio y Terencio y a las demás bestias del rebaño filosófico...; desde los comienzos del mundo Dios ha elegido, no a los filósofos y a los oradores, sino a los iletrados y a los ignorantes”.
La tradición medieval con planteamientos tan radicales en un personaje principal de la curia, fácilmente se comprende cuán poco influyeron los Renacimientos carolingio y otoniano en la formación intelectual de Roma. La ciudad que reunía el mayor número de recuerdos y ruinas del pasado clásico se desentendía por completo de él, considerándolo una sombra hostil que la perseguía en su miseria presente, y los mudos monumentos se erguían como misterios y sugerencias para la imaginación popular. En el siglo XI, cuando el viajero Benjamín de Tudela llegó a la Urbe, todavía le contaron la siguiente leyenda sobre el Coliseo, entonces llamado “palacio real de Termal Coliseo”: “En su interior hay otros 365 palacios, tantos como días tiene el año solar... Entre ellos hubo guerra en época antigua, y cayeron muertos en el interior más de cien mil hombres; allí están los huesos amontonados hasta nuestros días... Allí hay también una cueva subterránea, y en ella se encuentran el rey Termal Coliseo y su esposa la reina, sentados en sus tronos, y con ellos están unos cien hombres, ministros del reino; todos están momificados”.




