Las personificaciones esculpidas que adornan la fachada principal del Museo del Prado
Author/s
Carrasco Ferrer, MartaDate
1999Document type
articleÁrea/s de conocimiento
Historia y Expresión ArtísticaMateria/s Unesco
5506.02 Historia del ArteFile/s
Abstract
El 11 de noviembre de 1819 se abría al público por primera vez el Museo del Prado. Sin embargo, aún quedaba mucho camino por recorrer: los cuadros se apilaban en almacenes provisionales, sin paredes donde colgarlos, las salas carecían de techo, el edificio continuaba ampliándose, y el personal, todavía escaso, se iba organizando con la ayuda de arquitectos, escultores y pintores que, por encargo real, trabajaban en la configuración definitiva del proyecto.
Dentro de este contexto, las colecciones de escultura, en el momento de su llegada al edificio de Villanueva, se hallaban en un estado lamentable. El duque de Híjar, por entonces Director del Museo del Prado (1826-1838), envía al rey una importante propuesta, en la que considera que «es de absoluta necesidad proceder a la restauración de todas ellas, pues el estado tan deteriorado en que se encuentran exige imperiosamente su pronto remedio, no sólo para librarlas de su total ruina, sino también para conseguir que estas preciosidades se conserven, y no se pierdan los gastos dedicados a
su traslación, colocación y demás que puedan hacerse». Para ello, sugiere «nombrar a Salvatierra Escultor de Cámara con la dotación de once mil reales anuales, con la obligación de dirigir dicha restauración».
Dado que esta propuesta fue aceptada por el Rey, y Valeriano Salvatierra obtuvo el puesto que en ella se solicitaba —lo que explica a su vez el encargo de las esculturas que en este estudio nos interesan—, cabe exponer brevemente la trayectoria artística de este escultor hasta la fecha de su nombramiento.





