El origen del neoclasicismo
Autor/es
Carrasco Ferrer, MartaFecha
2024Tipo de documento
articleÁrea/s de conocimiento
Historia y Expresión ArtísticaResumen
A principios del siglo XIX, el arqueólogo Carlo Bonucci, para explicar los orígenes del drástico giro que había dado la pintura a unas décadas atrás, pasando del rococó al neoclasicismo, escribió una frase tan clarividente como asombrosa: “Fue el azar, a veces más docto que la orgullosa ciencia de los eruditos, quien reveló al mundo de las letras y las artes, y al universo entero, la existencia de una ciudad maravillosa: Herculano”.
¿Cuál fue el papel de ese azar? En los primeros años del siglo XVIII, un campesino napolitano, Ambrogio Nocherino, apodado “Enzechetta”, intentando obtener agua para sus cultivos, excavó en Portici un pozo muy profundo y se adentró en una dura capa de lava. No consiguió su propósito: solo halló algunas piezas de mármol, que envió a un artesano local.
Pero poco después, en 1709, adquirió una parcela por aquella zona un oficial al servicio de Austria en plena Guerra de Sucesión española: era Manuel Mauricio de Lorena, duque de Elboeuf, que deseaba construirse una residencia junto al mar. Enterado de los curiosos hallazgos de Nocherino, compró el pozo y decidió introducirse en él con unos obreros. De un modo tan peculiar dieron comienzo las excavaciones de Herculano.
En 1711, los trabajadores descubrieron, tallando túneles, las partes altas de un teatro, columnas, alguna inscripción y, sobre todo, tres magníficas estatuas de mujeres con paños finamente tallados: ¿Qué eran? ¿diosas? ¿sacerdotisas? Con el paso del tiempo, estas damas -la mayor, velada, y las dos menores, idénticas, aunque una de ellas sin cabeza-, serían conocidas como “Vestales”, o como “Herculanesas”, por su origen.




