Mitos cortesanos y mitos políticos en los palacios de María de Hungría
Autor/es
Carrasco Ferrer, MartaFecha
2013Tipo de documento
bookPartÁrea/s de conocimiento
Historia y Expresión ArtísticaResumen
El ámbito de la mitología clásica alcanzó, en el Renacimiento, el nivel de un lenguaje artístico peculiar. Quien lo utilizaba quería, desde luego, evidenciar su cultura literaria, inaccesible para el pueblo bajo, pero sus objetivos podían ser muy diversos, como los de quien se expresa en cualquier lengua: en unos casos, los dioses y héroes podían ser transmisores de sensibilidad y sentimientos refinados, confiriendo al comitente y al artista la dignidad de poetas líricos; pero también podían los seres mitológicos imponer su presencia como parangones o modelos de conducta, adquiriendo la función de personajes épicos. A veces, podían ser figuras heráldicas, verdaderos himnos a una nación o una dinastía; o, muy a menudo, cobrar un componente alegórico: sus leyendas eran, en unas ocasiones, fábulas con un significado personal para quien quería contemplarlas, y en otras -¿por qué no?- proclamas políticas lanzadas por ciertos gobernantes a sus vecinos y a sus súbditos.
El estudio de la iconografía mitológica durante una época o un reinado se enriquece mucho a través de este enfoque. Analizando cada obra, estudiando sus fuentes literarias y plásticas, advirtiendo las circunstancias de su encargo y fijando, en lo posible, las de su exposición, podemos llegar a conclusiones interesantes en campos muy diversos, que van desde los ejes de la propaganda de un monarca hasta el nivel cultural de sus cortesanos y artistas, desde la sensibilidad concreta de un comitente hasta la pervivencia social de gustos y actitudes marcadas por la tradición. Ante nosotros se abre un abanico de intereses generales y de actitudes artísticas que, de otro modo, sería imposible recuperar.
En el presente trabajo, proponemos aplicar este criterio a la iconografía mitológica puesta al servicio de una dama concreta: María de Hungría, la hermana de Carlos V, tan importante durante varias décadas en el engranaje del Imperio. Como todos recordamos, nació en 1505, se casó con Luis II de Hungría y quedó viuda muy pronto, pues perdió a su marido en la batalla de Mohacs (1526). Sin embargo, su verdadero significado político y cultural vino algo más tarde, cuando, al morir en 1530 Margarita de Austria, hija de Maximiliano I y Regente de los Países Bajos, Carlos V le encomendó el gobierno de esos territorios (1531). María tomó posesión del cargo, y heredó a la vez parte de las ricas colecciones de su tía y antecesora , que había vivido con pasión la crisis del arte gótico y la apertura de Flandes hacia el realismo. Sin duda el arte que entonces descubrió fue un acicate para ella, ya que pronto reuniría en sus palacios una enorme cantidad de obras, multiplicando encargos de tapices, pinturas y estatuas.




