Gladiadores en la corte de Felipe IV
Fecha
2025Tipo de documento
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Historia y Expresión ArtísticaResumen
En 1634, cuando concluyeron las obras del palacio del Buen Retiro, construido por el Conde Duque de Olivares para Felipe IV, se inició su programa decorativo, el más amplio de su época en toda Europa. Destacaba el grandioso Salón de Reinos, con sus cuadros de batallas, sus retratos regios y sus hazañas de Hércules, pero cubrían amplios espacios en distintas salas otros conjuntos pictóricos, como el dedicado a las costumbres de la Roma Antigua.
¿Por qué se planteó un ciclo sobre este tema -una verdadera novedad en su día- para un palacio destinado al rey? Obviamente, había que resaltar el papel de la monarquía hispánica como sucesora del Imperio Romano, pero también se quería dar lustre cultural y humanista a la corte: el propio Felipe IV, en cierta ocasión en que quiso evocar su formación juvenil, señaló que había leído a los historiadores latinos más famosos, y se pensaba en la conveniencia de educar al príncipe Baltasar Carlos sin descuidar este punto. Además, el Conde Duque había nacido en Roma en 1587, había vivido en Italia hasta los trece años de edad y tenía una importante biblioteca, donde no faltaban libros latinos y griegos y donde trabajaba uno de sus principales colaboradores, Francisco de Rioja, poeta y estudioso de letras clásicas.
Para abordar el ciclo de la Roma Antigua, Olivares quiso recordar su infancia. No llamó a Rubens, que pronto se centraría en la Torre de la Parada y sus cuadros mitológicos (1636-1638), ni a los artistas españoles, centrados en el Salón de Reinos. Prefirió escribir a los virreyes de Nápoles, miembros de su familia, para que encargasen pinturas a artistas italianos: cumplieron sus directrices el conde de Monterrey hasta 1637 y, después, el duque de Medina de las Torres. El ciclo se daría por acabado en enero de 1643, al perder el Conde Duque su puesto de valido; después, se dispersarían poco a poco algunas obras, llegando las demás al Museo del Prado, donde hoy pueden admirarse.




