Antínoo. El último dios
Fecha
2023Tipo de documento
bookÁrea/s de conocimiento
Historia y Expresión ArtísticaMateria/s Unesco
5504.01 Historia AntiguaResumen
La figura de Antínoo destaca por su carácter único en la historia antigua. Sin duda hubo generales divinizados
después de su muerte, e incluso reyes y emperadores que intentaron convertirse en deidades durante su reinado
con mejor o peor éxito, encargando imágenes de culto para importantes santuarios. Pero no existe ningún otro
caso conocido de un simple particular que, por su íntima relación con un monarca, alcanzase honores divinos.
Alejandro Magno quiso convertir en dios a su amado Hefestión, pero le convencieron de que tal deseo era
improcedente: se limitó a rendirle honores de héroe, y a verse a sí mismo como Aquiles cuando organizó los funerales de Patroclo.
Pero Adriano tenía más poder que Aquiles, y podía dar órdenes a su corte con menos miramientos que
Alejandro. Por tanto, logró lo que parecía imposible: imponer la adoración a su amante Antínoo cuando este
murió en extrañas circunstancias, y, sobre todo, inundar el imperio romano con sus imágenes. ¡Y qué imágenes!
No en vano se habla de un renacimiento del clasicismo en su época, centrado en la villa imperial de Tívoli, y
no es casualidad que en el centro mismo de esta tendencia se hallen precisamente los retratos idealizados de
nuestro joven.
El libro que aquí comentamos es precisamente una aproximación a estos retratos, pero, a la vez, a las circunstancias que los hicieron posibles: el imperio romano en su plenitud, bajo la dinastía de los Antoninos, sus costumbres y creencias religiosas, la personalidad de Adriano, la figura seductora de Antínoo, el alcance de su divinización, las críticas que suscitó en su entorno y en la posteridad…




