El Teatro Egipcio
Fecha
2024Tipo de documento
bookÁrea/s de conocimiento
Historia y Expresión ArtísticaResumen
En Egipto hubo sin duda representaciones populares, simples diversiones en fiestas y espacios públicos. Sin embargo, las huellas que nos han dejado son muy escasas, y es posible que no alcanzasen un nivel literario digno de recuerdo. En cambio, son bastantes los testimonios, muy apreciables por lo demás, de dramas religiosos destinados a ser vistos y oídos en los santuarios. Al parecer, su punto de partida debe fijarse en ritos concretos, donde ciertos sacerdotes pronunciaban las palabras que se atribuían a dos o más dioses, creando así una especie de diálogo. Poco a poco, estos intercambios de frases se fueron animando, y así se organizaron pequeñas escenas, que conocemos de forma sesgada, incluidas -y desfiguradas- en pasajes de los Textos de las Pirámides y del Libro de los Muertos.
Cuando toma su forma definitiva el teatro egipcio es en la Baja Época: el testimonio de Heródoto y ciertas anotaciones a textos teatrales propiamente dichos nos informan sobre detalles de las representaciones, que se celebraban, o bien en el interior del templo ante unos sacerdotes escogidos, o bien en los “lagos” de los santuarios ante varias decenas de espectadores. Este teatro formaba parte del culto mistérico a Osiris, y relataba, por ejemplo, el dolor que sintieron por su muerte Isis y Neftis, las andanzas de Isis para poner a salvo a su hijo Horus, y, finalmente, los variados enfrentamientos de Horus y Seth.
Sencillos y repetitivos son los diálogos de Isis y Neftis, acompañados en ocasiones por un sacerdote: en realidad, se limitan a cantar la gloria de Osiris y a pedir su regreso a la tierra. Más interés tienen las obras complejas, que eran las que se representaban en los “lagos sagrados”. Cabe destacar en este punto Horus en los pantanos de Khemmi, donde Isis pide auxilio a dioses y hombres para salvar a su hijo, que ha sido picado por un escorpión, hasta que Thoth, presentándose en una nave, logra curarlo con sus conjuros. El retorno de Seth es un drama aún más elaborado, que narra, en tres escenas, la vuelta a Egipto de Seth, ansioso por recuperar el territorio de Horus, y su expulsión definitiva a los desiertos de Asia.
Pero la obra más espectacular del teatro egipcio se encuentra inscrita, e incluso ilustrada, en el templo de Edfú: sobre sus muros, ya de época ptolemaica, se puede seguir la aparatosa lucha de Horus, subido en un barco y ayudado por Isis, contra Seth en forma de hipopótamo, mientras que un coro, apoyado por los espectadores, jalea las hazañas del hijo de Osiris.




