Mujeres Artistas de la Antigua Grecia. Creadoras ocultas entre diosas y heroínas
Fecha
2024Tipo de documento
bookÁrea/s de conocimiento
Historia y Expresión ArtísticaResumen
En las últimas décadas ha ido recibiendo una atención creciente el estudio de la creatividad artística femenina, que, como todos sabemos, había sido descuidada desde época inmemorial. Investigadores de ambos sexos la han abordado, analizando figuras señeras de pintoras y escultoras, e incluso esbozando alguna visión de conjunto.
Sin embargo, hasta ahora ha predominado un planteamiento muy concreto, y muy pobre a muestro parecer: el de dar comienzo a la historia del arte occidental, sin dar explicaciones, en la Edad Media. Así, se ha dicho que la primera mujer artista de Europa fue la “pintora y servidora de dios” Ende, que firmó hacia el año 970, junto al pintor Emeterio, las miniaturas del Beato de Liébana conservado en la catedral de Gerona. Después, lo normal ha sido comentar la presencia, en manuscritos románicos y góticos, de otras firmas de pintoras, y estudiar así la actividad de damas y monjas como las germánicas Guda y Claricia, ambas del siglo XII, que pudieron mostrar sus autorretratos, según se dice, en ciertos detalles de un Libro de homilías y de un Salterio, por no hablar de la creativa Herrada de Landsberg, de la minuciosa Diemudis y de otras miniaturistas.
El paso siguiente es, claro está, el Renacimiento. ¿Quién ignora que, en el siglo XVI, el panorama se perfila mejor, al menos en Italia, gracias a la ayuda que nos presta Giorgio Vasari? Este famoso biógrafo nos sorprende cuando, en sus Vidas de artistas ilustres, dedica dos apartados a las mujeres más creadoras que conoce: las enumera, y da de ellas semblanzas más o menos detalladas. De este modo, descubrimos la existencia de una interesante escultora y grabadora, Propercia de Rossi, y, sobre todo, impone su personalidad Sofonisba Anguissola, la gran retratista de Felipe II.
A partir de ese punto, la vía está trazada: pronto surgen los perfiles inconfundibles de Lavinia Fontana, Catharina van Hemessen, Artemisia Gentileschi, Clara Peeters y otras muchas, que nos llevan de la mano hasta las artistas dieciochescas y, etapa tras etapa, hasta el día de hoy.
Pero pocos investigadores se han planteado volver la vista hacia un pasado más remoto: ¿Es que las grandes artistas medievales y modernas carecieron de antecesoras dignas de mención? ¿Fue acaso Vasari el primero en darse cuenta de que la pintura femenina es un apartado interesante por sí mismo? ¿No sería él, en este campo como en otros, un magnífico representante de ese Renacimiento, de ese “renacer”, que quiso dar nueva vida a la antigüedad clásica inspirándose en sus ideas? El presente trabajo pretende ahondar en estos temas, y rescatar del olvido a ciertas mujeres que, en la Grecia mítica e histórica, lograron dejar su huella en las artes y asombrar a cuantos conocieron su labor.




